Pues el despertador no sonó, porque me desperté un poco antes, a las 4,30 de la mañana, para terminar de preparar todo, pero también cuentan los preliminares: el sábado, partido de tenis a cara de perro, para luchar por un puesto entre los 4 primeros del Campeonato gotenis, Segunda División, grupo b -www.gotenis.com-, que terminé perdiendo en el taibreak del tercer set. Dos horas y medias extenuantes, pero mucho mas suaves de lo que me esperaba: ir a Ikea para devolver algunas cajas y poder comprar otros artículos imprescindibles. Visita al Leroy Merlín, vuelta al Ikea a comer albóndigas de carne de caballo y rematar la tarde en la exposición, volviendo a casa a descargar lo comprado. Preparar las cosas del día siguiente, y acostarme cerca de la 1.
Con Josu en el coche charlando sin parar, llegamos a Salamanca, al lado de la puerta de Zamora y buscamos el lugar de inscripción. Saludos a Paco, a Gene, a Ramón, a Pepe y a algunos mas. Da gusto volver a ver a determinadas personas.
Salida hacia Zamora, por las zonas de sube y baja habituales en esa dirección, recordando cuando hice ese camino a la inversa en el 600 de hace 4 años, después de la tormenta, junto con Edu, Agus y Buje. Llegada a Zamora y a escape hacia otra zona aún peor de sube y bajas con campos verdes y amarillos por todas partes. Entramos en La Hiniesta porque tiene un pórtico muy bonito, acompañado de una buena cuesta. El tiempo, fresco y con nubes muy oscuras. Sellamos en Carbajales de Alba, con 94 km hechos, un café y sandwich y medio que llevaba en la bolsa, y seguimos hacia una zona aun mas bonita que la anterior, ya en los Arribes del Duero: espectacular paisaje, espectaculares obras públicas, puente diseñado por Eiffel y subida de unos 3 km que no parecía acabar nunca. Ahora ya hace mas calor.
Llegamos a Moralina y algunos se quedan a comer algo. Continúo con Paco y Gene hacia Bermillo y alli paramos a tomar un bocadillo: en el bar, la dueña me dice que "bocadillos hay si los hago, porque no se si los haré..." Me hace uno de tortilla (menos de 1 piñón), cocacola y tiramos a subir hacia Almeida, donde está el penúltimo control. Sellamos, tomamos café rápidamente y salimos escapados hacia Salamanca. Antes, una carretera gotosa-botosa, que pone a prueba el nuevo dispositivo para sujetar móviles al manillar. A un ritmo muy vivo seguimos por la comarca de Sayago, con sus típicas vallas de losas de granito apretando en cada cuesta y tirando fuerte en el llano. Cuando nos quedan 37 km me entero que Roberto ya ha llegado a Salamanca.
Un poco antes de salir a la nacional, me descuelgo porque aquello es demasiado para mi. Además, ando con un calambre que me viene y me va en la zona femoral de la pierna izquierda, que me obliga a cadencias altas en las subidas para no forzar demasiado. La cuesta del Helmántico hace que me arrastre un poco, pero ya estamos tan cerca que todo da igual. Llegada a la gasolinera gloriosa de la puerta de Zamora, creo que eran las 19,10 de la tarde.
Lo mejor: sin duda, volver de nuevo al randonerismo como lo aprendí hace años, con los Amigos de la bici de Salamanca, con su estilo, a su forma que siempre he querido que fuera la mía. Paisajes espectaculares, sin tráfico, día de sol sin demasiado calor. Beber de las fuentes del Randonner.
Lo peor: esos calambres desde el km 120 que me anduvieron molestando y fueron a mas en cada subida de la parte final.
El resumen: hoy no me duele mas que el culo, pero me noto bien de piernas y de ánimo para afrontar el próximo 300.
¡Qué difícil es hacer 200km en bici!
Antonio González.
Foto: París-Brest-París 2003, con los Amigos de la Bici de Salamanca
El sábado 11 de Abril se celebró una de las dos brevets de 300 km convocadas por el GDC Pueblo Nuevo para la temporada 2015. El Pakefte no faltó a la cita, representado por gente de todos los niveles. En cabeza, Roberto y su reclinada (a quien algunos testigos presenciales confundieron con un avión en vuelo rasante al pasar por la remozada carretera camino de Sigüenza). Cerrando el grupo, quien redacta este escrito, José Antonio Jiménez, escoltado por Eduardo Soler, de Ciclocubín, junto con otros compañeros, Agustín y David. En el tramo desde Fuencemillán hasta Atienza estuvimos acompañados por Juan, un invitado de lujo que quiso unirse un rato.
Y es que para mí la prueba empezó con bastantes incertidumbres, debido a las molestias causadas por un virus estomacal que me atacó el viernes, dejándome sin poder comer en todo el día y con una debilidad notable.
A pesar de todo quería intentar hacer la brevet a ritmo "vivo", como me había propuesto originalmente, es decir, entre 23 y 24 km/h de velocidad media, y arranqué la brevet con la intención de mantenerme en un grupo que me pareció adecuado, en el que destacaba la presencia de José María Benayas y la pareja de propietarios de la tienda Ciclowork, Andrés y Susana. Agustín y Eduardo se integraron perfectamente, pero David no empezó muy bien y se quedó atrás.
Cuando llegaron las primeras rampas, en la zona de Valdenuño, el sol ya iluminaba los campos, que lucían el esplendor de la primavera. Ahí empecé a constatar que mi estado físico no era el óptimo para afrontar un reto como los 300 km, pero decidí seguir con el plan previsto y conté para ello con la inestimable colaboración de Agustín. La idea era hacer paradas cortas y eficaces, tratando de comer en ruta puesto que llevábamos suficientes provisiones. En Fuencemillán se unió a nosotros Juan, quien nos acompañó hasta las inmediaciones de Atienza. En el control de Jadraque decidimos no parar a comer en el restaurante (porque Agustín y yo llevábamos comida suficiente), pero Eduardo sí necesitaba una parada más larga y se quedó desayunando con el grupo de Benayas. Como iba sobrado de fuerzas sabíamos que podíamos salir por delante, y él nos recuperaría el terreno. Justo antes de llegar a Atienza nos alcanzó el grupo con Eduardo, y la historia se repitió. Volvimos a salir de Atienza antes que ellos, tomando el camino de Sigüenza. Pero las cosas se estaban empezando a torcer. Mis piernas ya no respondían y no era capaz de adaptarme a ningún grupo. Rodaba a mi ritmo (muy lento) y me parecía que el viento soplaba todo el tiempo en contra (en realidad daba lateralmente). Eduardo y su grupo nos alcanzaron a unos diez kilómetros de Sigüenza. El grupo siguió hacia delante, pero Eduardo se quedó con nosotros. Juan pinchó sin que nos diéramos cuenta, y nos mandó un mensaje, pero no pudimos verlo hasta un rato después. Pensábamos que nos iba a alcanzar, pero no fue así porque sufrió un segundo pinchazo y decidió regresar a casa.
Mis recuerdos del tramo entre Sigüenza y Masegoso son vagos, porque mi mente estaba concentrada en mantener un ritmo digno y optimizar el pedaleo contra el viento. En esta zona el punto más relevante es la subida desde el río Dulce hasta la vía de servicio de la A-2, un tramo que realicé despacio, mientras Agustín y Eduardo se me iban perdiendo en la distancia. Justo al pasar el cruce de Mirabueno fui sobrepasado por varios grupos, uno de ellos con Manolo Morente y Bea, mis compañeros de la brevet de 1000 km del pasado año. También me adelantó David, que se había recuperado de su bajón inicial. Seguía sintiendo cansancio, dolor de estómago y un pinchazo preocupante en la rótula derecha.
En el control de Masegoso de Tajuña viví la experiencia más agradable de la jornada. Cuando me acercaba a mi bicicleta para reanudar la marcha me abordó un joven ciclista diciéndome "¡Es curioso conocerte en persona!". Creo que se llamaba Miguel, aunque yo no estaba en las mejores condiciones mentales para recordarlo. Me dijo que llevaba tiempo siguiendo mi blog y el del Pakefte, y que en buena medida se había aficionado al ciclismo randonneur por nuestras crónicas. Fue todo un detalle y un pequeño subidón moral para mí saber que estas pequeñas batallitas le hayan podido interesar alguna vez a alguien. Miguel se había integrado en un grupo bastante fuerte, el del CC Chamartín, con José Manuel Andrey, y se le veía muy bien, especialmente teniendo en cuenta que era su primer 300. Me hizo notar que, en su opinión, estábamos llevando un ritmo bastante alto en esta brevet... lo cual era evidentemente cierto. A pesar de que mi estado no era nada bueno, seguíamos manteniendo una media de casi 24 km/h en ese punto, y el total de tiempo acumulado en paradas, registrado en mi GPS, no llegaba a una hora. Estábamos en el kilómetro 187, a falta de 113 para meta.
En Masegoso enfilábamos el valle del Tajuña, el momento más esperado de la jornada, porque la pendiente va siendo favorable durante más de 50 kilómetros, y porque esperábamos que el viento fuera favorable, ya que se suponía que iba a soplar del Este durante todo el día. Nada más salir del control nos dimos cuenta de que algo no cuadraba. Rodábamos a buen ritmo pero no notábamos el supuesto viento favorable, sino más bien algunas rachas laterales de dirección variable. Conseguimos formar un grupo con ciclistas que íbamos recogiendo por el camino, en un pelotón bien guiado por Agustín y Eduardo. Más o menos a la mitad del valle, a la altura de la mística sede de los Hare Krishna, el viento roló definitivamente y se puso a soplar con fuerza... del Suroeste... es decir, en contra, frenando nuestro avance ostensiblemente. En ese punto me quedé solo con David, pero no era capaz de seguir ninguna rueda, así que tiré de oficio y decidí seguir a mi ritmo, con paciencia y tratando de olvidarme del viento. En la gráfica de perfil y velocidad se percibe claramente el bajón que sufrí desde entre el kilómetro 225 y 250 aproximadamente, un bajón del que ya no me recuperaría hasta la meta.
De esta forma el famoso valle del Tajuña volvió a cumplir una vez más uno de los mitos de las brevets, y es que el viento siempre sopla en contra, independientemente de las previsiones meteorológicas. Sólo recuerdo haber pasado por ahí con viento a favor en una brevet de 300 en el año 2010, y sin viento en la brevet de 1000 km de 2014. Ninguna vez más.
Tras subir penosamente el puerto del Pozo de Guadalajara nos tomamos un pequeño descanso para reponer fuerzas y pasar juntos por las complicadas rotondas y autovías de Alcalá de Henares. David se marchó por delante, y volvimos a quedarnos los tres ciclistas que hicimos casi toda la jornada juntos. Así llegamos a Algete poco después de las 20 h, como puede verse en la pantalla de mi GPS. Sin embargo, la persona encargada de recepcionarnos en el polideportivo de Algete marcó en mi carnet de ruta las 21:21 h. Creo que fue un error, que no tiene mayor importancia, puesto que el límite oficial permitía llegar hasta las 2 de la madrugada, pero no me di cuenta en el momento.
Allí nos encontramos con David, que acababa de llegar, y con Raúl, un compañero de su club que había venido muy fuerte y se había ido por delante casi desde el principio de la prueba.
Y, a pesar de todo, conseguí cumplir con el objetivo inicial de mantener una velocidad media superior a 23,1 km/h en movimiento, o algo más de 21 km/h si se suma el tiempo en paradas. No era mal resultado. Fue el momento de descansar definitivamente, tras una de las brevets más sufridas que he realizado. Yo siempre digo que no me he metido a ciclista para sufrir. Creo que la palabra "sufrimiento" no es la más apropiada porque tiene connotaciones negativas. En todo caso, me gusta más la palabra "esfuerzo", es decir, hay que pasar por situaciones en las que hay que dar algo más de uno mismo y trabajar para conseguir algo, pero la satisfacción y el disfrute por el premio conseguido es superior a las malas sensaciones vividas en algún momento. Y si las cosas se tuercen, hay que sacar el sentido positivo que tienen, como experiencia acumulada y convivencia con los compañeros. En este caso la brevet me ha servido para conseguir la homologación en esta distancia esta temporada, un requisito imprescindible para poder aspirar a la París-Brest-París, y sobre todo para experimentar un punto de vista diferente. Normalmente, en otras brevets soy yo quien tira del grupo y ayuda a quienes no van muy bien. Pero en este caso he jugado el partido desde atrás, siendo yo el que tiene que agradecer, y mucho, la ayuda de buenos compañeros como Agustín, Eduardo, Juan (en su aparición improvisada) y David. Muchas gracias al Pakefte.
Epílogo.
Escribo estas líneas en la noche del domingo, todavía con pequeños síntomas del virus estomacal que me atacó, y con un dolor intenso en la rótula derecha, que me hace cojear al caminar. La próxima distancia oficial será alguno de los 400, probablemente el próximo mes.
Esta sería la micro-crónica de la brevet de 200 km convocada por el GDC Pueblo Nuevo saliendo del barrio de Vicálvaro en Madrid. Normalmente es una brevet rápida y poco exigente, pero las malas previsiones meteorológicas hicieron que muchos no se presentaran a la cita. Otros pensamos que era una buena oportunidad para probar nuestro material de lluvia, y así estar preparados para lo que pueda acontecer en pruebas futuras, de mayor dureza y exigencia (sobre todo mental).
Así que unos 50 ciclistas tomamos la salida a las 8 h para internarnos en los valles del Jarama, el Tajo y el Tajuña, bajo una pertinaz lluvia que no llegó a ser muy fuerte pero sólo cesó a ratos.
El Pakefte estuvo representado por varios compañeros que acabamos haciendo la guerra por separado en pequeños grupos. Algunos animando desde sus casas, otros dándose prisa para no mojarse (Roberto y Agus), alguno que sólo hizo la primera parte hasta Aranjuez (Sebas) y algún otro que se incorporó a media ruta para separarse antes del final, regresando a casa por otros caminos (Marcin).
Puede decirse que el núcleo más numeroso del Pakefte fue el representado por David y Jose, quienes hicieron entrada en meta con 9 horas y 37 minutos de tiempo total, habiendo invertido apenas 1 hora y 15 minutos en el total de paradas de la ruta, lo cual no está mal para los tiempos que solemos marcar, aunque se puede mejorar.
Y como este texto no pretende ser un relato detallado de la jornada (que se resume en mantener el equilibrio sobre el asfalto mojado, especialmente por los adoquines de Aranjuez), ponemos algunas fotos más de la jornada, a modo de fotocrónica:
Lo primero que llamaba la
atención al llegar al polideportivo de Algete es la cantidad de
gente que había, no tengo datos, pero calculo unas 100 personas. Del
Pakefte nos juntamos 5, Agus, Jose, Marcin, Josu y Jaime. Después
del tramite de la inscripción salimos un poco por delante del gran
grupo, pero al final de la calle del polideportivo paramos para que
nuestros paparazzi hicieran las fotos de todo el grupo, así que
acabamos los últimos, excepto Marcin y Josu que no pararon y ya no
los vimos hasta mucho después.
Los 60 y pico kilómetros
hasta Cogolludo pasaron entre conversaciones con unos y otros, dentro
del grupo de los de Pueblo Nuevo, que nos llevaron a buen ritmo esa
primera parte de la Brevet. En Cogolludo paramos poco, que era
nuestra consigna para esta brevet, pero aún así Agus salió por
delante con la excusa de que iba a hacer el molinillo y le cogeríamos
pronto. Evidentemente no le cogimos hasta que se paró a esperarnos
delante de una ermita muchos kilómetros después. En este tramo el
paisaje pasó a ser impresionante, una sucesión de valles en los que
entrabamos y salíamos con una sucesión de toboganes que hacen que
este recorrido tenga más de 2600 m de desnivel en 214 km (según la
organización, Strava daba 2783 m).
A 20 kilómetros de
Atienza nos empezamos a cruzar con los que volvían, pero aún así
no íbamos mal de tiempo. Llegamos a Atienza sobre la 1 y cuarto, 5
horas justas después de haber salido, sellamos y compramos algo de
beber en la gasolinera para no entretenernos y salimos otra vez con
Agus por delante. Nada más salir de Atienza tuvimos un tramo con un
fortísimo viento en contra que nos recordó que no estaba hecho,
quedaban 107 kilómetros por delante y mucho que pelear todavía. Así
que allá íbamos, otra vez la sucesión de subidas y bajadas camino
de Cogolludo que, aunque esta vez los cogíamos en sentido favorable,
a mi se me iban haciendo duras. En este tramo, como en toda la
Brevet, tengo que agradecer la compañía, la conversación y la
rueda, cuando era necesario, de Jose, que estuvo ahí apoyándome
todo el día. En realidad yo no estaba mal pero las subidas las tenía
que hacer a un ritmo lento, pero a mi ritmo iba bien. Así que, sin
pena ni gloria, llegamos a Cogolludo, donde vimos a Josu y a Marcin,
que se iban cuando llegábamos nosotros. Aquí decidimos romper la
norma que llevábamos de todo el día de parar poco y tomarnos un
bocadillo de calamares, para conseguir llegar de noche, que íbamos
pronto ;-)
Después del bocata
partimos de Cogolludo de los últimos, o eso nos parecía a nosotros,
aunque camino de Algete nos fuimos juntando con unos 20 ciclistas
más, aunque con tantos kilómetros era difícil hacer grupo e íbamos
en pequeños grupitos. Los últimos kilómetros fuimos encendiendo
las luces aunque llegamos a Algete sin ser todavía de noche, a las 7
y cuarto.
En resumen, fue una gran
Brevet, probablemente la más dura que he hecho, con una gran
compañía, como siempre.
Los números fueron, según
mi gps, strava difería ligeramente:
216 km, 9h49m en
movimiento, 1h20m de paradas, las medias: 22.0 km/h en movimiento y 19.3 km/h total
Dice la tradición que el primer fin de semana de Marzo, al tiempo que la primavera se preestrena con sus almendros en flor, el Pakefte inicia la temporada oficial con la ruta de las Seis Tetas de Guadalajara, un clásico donde los haya. También es tradición que muchos miembros del Pakefte sucumban a la tentación de hacer kilómetros negros en las diferentes convocatorias apócrifas que se celebran en competencia con la ruta oficial. Por este motivo sólo seis aguerridos pakefteros se dieron cita en la estación de Azuqueca, punto de partida de esta edición de la ruta.
Se diría que un número tan redondo debería haber conducido a un democrático reparto de puntos en los diferentes altos, pero el ansia del globero puede más que la generosidad del randonneur; y así es como cada uno de los puertos se convirtió en una encarnizada lucha por alcanzar la gloria. El circuito se recorrió este año en sentido inverso al habitual, empezando por Guadalajara y Lupiana, para seguir en el sentido de las agujas del reloj, lo cual añadió algo de incertidumbre al resultado final, por el desconocimiento de las vertientes contrarias a las que se solían subir en años anteriores. El motivo de este cambio de recorrido no era otro que permitir romper el círculo y escapar por la esquina suroeste, para llegar directamente a Madrid con un pequeño plus de kilómetros. Así convertiríamos esta ruta en una mini-brevet. Además, la parte final de la ruta incluyó un tramo inédito, sustituyendo la subida al Pozo de Guadalajara por la no menos interesante de Pezuela de las Torres. Un buen hallazgo para futuras rutas.
Y así comenzó la etapa a eso de las 9 de la mañana a las afueras de Azuqueca de Henares, con bastante más frío del esperado, aunque sólo durante la primera hora. A medida que el sol se fue levantando, el calor llegó y la ruta se convirtió en un delicioso paseo primaveral, con momentos que llegaron a ser calurosos en la subida a alguno de los puertos.
Ya en la subida al alto del Sotillo, que corresponde con la cara oeste del tradicional alto de Lupiana, se produjo la primera lucha enconada entre los que iban a disputarse el premio de la montaña durante toda la jornada, formándose una escapada en cabeza que pronto se perdió de la vista de los demás. La victoria de Marcin al sprint frustró el tradicional arreón tempranero de Josu, pero la batalla no había hecho más que comenzar. El frío dejó paso a las buenas temperaturas que nos acompañaron el resto del día. En el alto se unió a nosotros Vicente ("Tito"), un amigo de Sebas que sólo quería compartir un tramo de algo más de diez kilómetros de la ruta. Después se desviaría en dirección a su pueblo.
Tras un apacible paseo por la vega se iniciaba la subida al segundo de los escollos montañosos del día, la Cuesta Pinilla, también conocida como Sitio del Rey, o "la Meralla". La tradición dice que esta subida debe ganarla cada año Juan, usando estrategias de dudosa ética. Pronto se formó una tripleta en cabeza, en la que tiraban con fuerza Marcin y Josu. A menos de un kilómetro para la cima, Josu lanzó un fuerte demarraje que le hizo ganar unas decenas de metros. Marcin, que ya tenía un puerto en su haber, hizo gala de aplomo para obligar a trabajar al tercero en discordia. Jose se vio abocado a salir en pos de Josu, para terminar rebasándolo y adjudicarse la cima, dedicando la victoria al ausente Juan, que esperamos nos acompañe en la próxima.
Josu, con dos segundos puestos, no quería resignarse a ser el perdedor de la jornada, por lo que se lanzó a un vertiginoso descenso hacia el valle del Tajuña, colocándose en cabeza con el firme propósito de vencer en el alto de Valfermoso, la subida más esperada de la jornada. Este cronista no puede confirmar ni desmentir la victoria de Josu en sitio tan ilustre, sólo constatar que cuando llegamos al alto ya estaban allí los demás ciclistas, y que en el bar de Valfermoso tampoco tenían tortilla de patatas este año. Nos conformamos con una tortilla francesa con jamon, mientras que otros se apuntaron al bocata de lomo o incluso de chorizo. Se echó en falta un vegetariano que compensara tales excesos.
Se cree que en la subida a Fuentelviejo venció Josu, para desquitarse de aquel placaje de sillín que realizó Juan Merallo cuatro años atrás, y que le privó de la victoria final en el puerto, pero bien podría haber vencido Marcin. Entre ambos quedó el secreto. La bajada nos descubrió un paisaje precioso, en una espectacular perspectiva, muy diferente de la que solemos disfrutar cuando hacemos el recorrido en el sentido clásico. Una breve parada en el pueblo de Renera permitió la escapada de Marcin, que se adjudicó los puntos en el alto de Renera, consiguiendo así la victoria matemática en la jornada, teniendo en cuenta que el último puerto sería neutralizado y sin asignación de puntos, porque el Pakefte se dividió en dos en el cruce de Aranzueque, no sin antes celebrar la despedida del grupo compartiendo unas barras de auténtico y genuino Turrolate de Priego de Córdoba, conocido como la "poción mágica" del Pakefte.
Mientras Marcin se dirigía hacia el Pozo para volver al punto de partida, los cinco supervivientes se arrastraron por un terreno llano hasta Loranca de Tajuña, antes de afrontar la subida a Pezuela de las [Altas] Torres, que bien podría denominarse "el Angliru de la Alcarria" o algo peor.
Un gabinete de crisis junto a la fuente de Pezuela nos hizo rediseñar lo que sería el resto de la jornada, con notables cambios sobre los planes iniciales. Antonio estaba dando serias muestras de agotamiento, por lo que quería dirigirse al transporte público más cercano. Sebas se ofreció a acompañarlo hasta la estación de tren de Alcalá de Henares. Nos despedimos de ellos y los tres despojos ciclistas que seguíamos empeñados en completar los planes iniciales enfilamos camino de Loeches, por una sucesión de lomas y falsos llanos que no esperábamos... ¿Pero no iba a ser terreno favorable hasta Velilla?
Era domingo por la tarde; en Loeches, Valverde de Alcalá y Torres de la Alameda no había ni un solo bar abierto. Por suerte encontramos una tienda de comestibles situada en un lugar pestilente de Torres, donde se daban cita todos los moteros y fumadores del pueblo. También vino un borracho que salió tambaleándose de su coche, camino de aquella tienda infame, al parecer el único sitio abierto en varios kilómetros a la redonda. Josu se pidió un bocata gigante. Para poder manejarlo tuvo que dividirlo en tres grandes trozos. Pepe y Jose no tenían hambre y esperaron pacientemente mientras veían cómo el sol se iba acercando al horizonte, a medida que Josu avanzaba hacia el final de su bocadillo. Preocupados ante la posibilidad de que anocheciera antes de llegar a Rivas, reanudamos la marcha a un ritmo vivo y conseguimos cruzar el Jarama sin demasiados contratiempos, pese a que el tráfico motorizado se iba incrementando y ya resultaba notablemente molesto.
Los tres supervivientes ascendimos lo más dignamente que pudimos la tradicional cuesta del Cristo de Rivas y entramos a Vicálvaro con luz de día. Una jornada un poco dura pero muy satisfactoria por la distancia acumulada y la inmejorable compañía. Recorrimos unos 150 kilómetros con un promedio de algo más de 19 km/h. No podemos precisar más porque el GPS murió a mitad de ruta. Fue una jornada de ciclismo pakeftero auténtico.
Todas las fotos de la jornada en el siguiente álbum:
Antes de lanzarnos de lleno a la temporada 2015 (que de manera formal comienza con la primera brevet, el próximo 28 de Febrero), el Pakefte ha realizado una ruta invernal que ha discurrido por bonitos paisajes blancos. Las próximas citas se irán reflejando en nuestra Agenda de 2015.
Coincidiendo con el solsticio de invierno, es tradición de algunos clubes hacer la ruta "De Sol a Sol", que comienza con la salida del sol y acaba, como no puede ser de otra manera, al anochecer.
El Pakefte también tiene esta tradición, añadiendo que el punto de salida se sitúa en la misma Puerta del Sol de Madrid, y en esta ocasión quisimos salir hacia el Oeste, siguiendo al sol.
Pasamos por lugares tan bonitos como Robledo de Chavela, el puerto de la Cruz Verde o el Monasterio del Escorial. Después de tomar diferentes decisiones a lo largo de la ruta, fuimos a caer a Collado Mediano, donde tomamos el tren de vuelta a Madrid, cuando el sol se estaba escondiendo.