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lunes, 25 de marzo de 2019

300 de la Alcarria - 23 de marzo de 2019


Salimos de Loeches a las 6 de la mañana. Jaime, Marcin, Yolanda, Sebas y yo. Es aún noche cerrada y comenzamos el 300 de la Alcarria.

En el kilómetro 10 nos pasa un grupo enorme, de unos 25 ciclistas. Uno de ellos se descuelga de ese grupo y se queda con nosotros, se trata de José Antonio, un ciclista de Miranda de Ebro que ha visto que ese no era su ritmo. Desde aquí ya se quedará con nosotros todo el tiempo. Es su primer 300 y aunque tiene piernas y fondo prefiere quedarse con nosotros, que vamos a un ritmo más humano y más regular. Hará una labor como el que más durante la ruta.

Por la noche, ya lo sabemos los ciclistas que circulamos a veces por carreteras sin luz, no se reconoce el terreno. No sabes si lo que viene es una bajada, llano o subida. Por eso, conocer bien el recorrido, como es mi caso y el de Sebas, es una ventaja. Vamos avisando a los compañeros de lo que viene en cada momento, para que así les resulte más sencillo.

Tras la fuerte subida a Corpa, comienzan los toboganes hacia Pezuela de las Torres. Es en este terreno cuando empieza a verse al fondo un precioso amanecer, con sus característicos colores rojo-anaranjados.

Marcin comienza a irse hacia delante, pues siempre tiene su propio ritmo, distinto al nuestro. Luego le pasaremos mientras se comía un bocata en el Tajuña y llegará a Masegoso cuando nosotros ya nos íbamos. A partir de ahí no le volveremos a ver.

Llegamos a Pezuela con una temperatura muy baja, pero a un buen ritmo, todos juntos. Es en este momento cuando me doy cuenta de que vamos a llegar todos juntos de vuelta a Loeches. Jaime y Yolanda tenían sus dudas de poder seguirnos a Sebas y a mí, pero se han dado cuenta de que no vamos rápidos, simplemente vamos ágiles, regulando según las mediciones del pulsómetro y las sensaciones propias. Nos han seguido sin problema alguno. Lo cierto es que sin gastar en exceso en momento alguno de la ruta se puede ir a una velocidad de crucero ágil y avanzar bastante, dejando al cuerpo con reservas para más adelante.

La bajada de Pezuela al valle del Tajuña es gélida. El frío continuará hasta una hora más tarde. Abajo en el cruce paramos cinco minutos. Les pido a los compañeros que no perdamos mucho tiempo, y también que coman algo. Seré muy pesado desde aquí al final, alguno me habrá acabado odiando, pero todo tenía una razón de ser: La predicción del aire era en contra hasta el kilómetro 200, en Carrascosa del Campo, y más intenso ese aire mientras más tarde. Por lo tanto, mientras más tardáramos en llegar a Carrascosa, más tendríamos que sufrir los rigores del viento. Asimismo, el viento a partir de Carrascosa es favorable, pero a las seis de la tarde bajaría considerablemente su intensidad, por lo que cuanto más tiempo estuviéramos expuestos al viento a favor hasta las seis, tanto mejor. De ahí mi empeño en parar poco y el ponerme tan pesado con ello. Perdonad compañeros si en algún momento fui un poco pesado, aunque creo que os lo tomasteis todos con buen humor :-)

20 kilómetros antes de llegar al control de Masegoso propongo hacer relevos de un kilómetro, cada uno al ritmo que pueda. En ese momento se ha unido a nosotros Jose, un ciclista de Madrid que se nos unirá de forma intermitente. Los seis vamos entrando a los relevos y se nos pasa el tiempo mucho más rápido y entretenido.

En Masegoso propongo salir en 10-15 minutos, pero nos retrasamos algo, por unos problemas que tiene que resolver Sebas por teléfono.

Salimos de Masegoso con un grupo en el que va el compañero y amigo Manolo Burgos, del Pueblo Nuevo, con el que vamos coincidiendo algún tramo.

Comienza en Cifuentes una zona favorable por las muchas bajadas hasta el embalse de Sacedón. No en vano hemos llegado al punto más alto de la ruta.

Al llegar a Durón comienza una zona de toboganes, que tomamos con precaución, porque aún falta mucho. Charlando se me pasa el tiempo volando.

Seguimos a buen ritmo, parando poco y comiendo frecuentemente y en poca cantidad cada vez.

Hacemos una parada en un sitio que conozco, en la Ermita de San Andrés, al pie de la carretera entre Sacedón y Buendía. Es una ermita con un pequeño cementerio anexo, que perteneció en su día al extinto pueblo de Poyos, ahora bajo las aguas del Embalse de Buendía. Se dice que aquí fue enterrada la mítica Micaela, una historia de terror que dejaremos para otro día.


Al llegar a la Presa del embalse de Buendía cogemos un atajo que conozco, con el que nos ahorramos unos cien metros… Pero la ocurrencia sirve para sacar la sonrisa y provocar el chascarrillo entre los compañeros, que era en definitiva lo que se pretendía ;-)

Decidimos seguir pedaleando hasta Garcinarro y comer allí, pues vamos bien de tiempo y ni Sacedón ni Buendía nos parecían adecuados para la comida, por ser demasiado pronto. Es una zona con tendencia a subir, pero vamos ágiles, rápidos y fáciles. Sólo Jaime se queda a veces un poco en las cuestas, pero porque decide subir a su ritmo. Jaime es un tío muy juicioso que conoce bastante sus límites y no quiere comprometer el 300 con un ritmo mayor en las subidas. A todos nos parece fenomenal, tampoco es tanto lo que se queda (ni siempre), son sólo unos pocos metros, y normalmente nos quedamos siempre alguien a esperarle.

El aire está pegando en contra, pero menos fuerte de lo que creíamos, aunque a veces las espigas nos dicen que flojo tampoco es. Lo mismo es que estamos más fuertes de lo que pensamos, jejejeje.

En Garcinarro paramos a comer en un bar. Básicamente comemos lo que llevamos y pedimos algo de beber.

El día se ha nublado y ya va a estar así hasta que anochece. Eso no es malo, mucho sol tampoco hubiera sido muy bueno.

En Carrascosa ponemos nuestro tercer sello en la credencial. La velocidad media nos ha bajado algo por las subidas y el viento, pero sabemos que ahora viene una zona bastante favorable, por el viento y por las bajadas. Al salir se da por primera vez la peculiaridad de que son los compañeros los que me dicen que me dé prisa, que ellos están listos. ¡Muy bien!

Salimos con David Rodríguez y el grupo con el que va, que son bastante más rápidos que nosotros, aunque paran más, por eso vamos juntos a esa altura. El tramo favorable hasta El Ballestar lo hacemos volando, pero una vez más sin forzar en las subidas, por eso el grupo de David se nos acaba marchando. Antes de llegar a Estremera incluso nos llueve en algún momento, algo que no estaba previsto, pero que tampoco fue muy traumático, excepto para Yolanda, que no le gusta nada la lluvia en la bici.

En Estremera iba convencido de que había que sellar, pero me corrigen de mi error los compañeros.

Bajada rápida a Carabaña, donde me vuelvo a encontrar a David Rodríguez. Allí comienza una larga subida que hago en paralelo junto a David, charlando de nuestras cosas y a bastante ritmo. Me sorprende ir tan bien a estas alturas de la película. Eso me anima de cara a los retos que están por venir este año. Arriba esperamos al resto del Pakefte y salimos los seis que hemos hecho gran parte de este recorrido juntos: Jaime, Yolanda, Sebas, Jose Antonio, Jose y yo. Está atardeciendo y no va a tardar mucho en anochecer del todo, así que vamos rápido intentando llegar antes de que no se vea nada, pues en la bajada de Campo Real a Loeches el arcén suele tener alguna que otra piedra y de noche cerrada no se ven bien.

Llegamos a las 20 horas a Loeches. 14 horas de ruta en total, incluyendo paradas. 12 horas y 15 minutos en movimiento me salen a mí, lo que supone 24,7 km/h de media.

Había hecho una tabla con tiempos de paso para llegar a las 20,30, por lo que nos adelantamos media hora con respecto a esa hora al final. Por lo tanto, un diez para todos.

Yo acabé con buenas sensaciones y contento de que hayamos podido ir todos juntos. Muy satisfecho de cara a lo que está por venir más adelante.

Sebas contento por haber superado las crisis que venía teniendo en los últimos brevets. Le vi muy sensato en su rodar y pletórico de fuerzas.

Yolanda contenta por haber finalizado su primer 300, y además con nota, que estuvo tirando del grupo como una más.

Jaime contento, y un tanto sorprendido por haber terminado a una media de 24 km/h en movimiento en un 300. Tremendo el 300 que se ha marcado con la escasa preparación que traía.

José Antonio feliz de haber hecho su primer 300. Aquí hay randonneur potencial. Si no viviera tan lejos, le ficharíamos para el Pakefte seguro. Aunque puede que volvamos a coincidir en algún otro brevet.
 
Felicidades a todos. Hicimos un fabuloso equipo, sin fisuras, sabiendo regular y entendiéndonos. Lo pasamos bien, nos reímos, disfrutamos de unos paisajes muy bonitos (que podrían ser mejores si no fuera por la sequía que tiene al campo un tanto triste), y conseguimos hacer un magnífico brevet, saliendo con sensaciones muy positivas por parte de todos.

Marcin sabemos que llegó poco después. Bravo por él también.

Gracias al GCD Pueblo Nuevo por la organización.

¡Hasta la próxima!

-Juan Merallo Grande-

domingo, 2 de julio de 2017

Pinceladas randonneurs...

Aunque últimamente no se han publicado muchas entradas en la web del Pakefte, los diferentes miembros del grupo continúan trabajando para conseguir sus objetivos de la temporada. Unos están a punto de viajar al Reino Unido para realizar la Londres-Edimburgo-Londres 2017; otros, simplemente van acumulando kilómetros en diferentes brevets o galopadas solitarias, que cada uno tiene sus preferencias... 

A modo de ejemplo de lo que estamos haciendo durante esta temporada, aqui van algunos vídeos y fotos...

 - Brevet de 300 km del GDC Pueblo Nuevo ("Alcarria")

Tenemos un par de versiones del vídeo de esta jornada:







Y también tenemos esta otra versión, realizada automáticamente por Google:



 - Brevet de 300 km del CC Chamartín ("La Quesera")





Ejemplo de algunas situaciones surrealistas que se dan en medio de una ruta, como esta...



Para ver algunas fotos más, pinchar en este álbum.


lunes, 30 de mayo de 2011

Personas en bicicleta con una raya blanca dibujada en los ojos (o crónica del 600 de Salamanca)


Cuando uno se tira dos días enteros montado en bicicleta haciendo 600 kilómetros, uno pasa buena parte del día mirando al suelo, allí donde está esa raya blanca que separa el arcén de la calzada. Uno ya no es nadie sin la raya blanca que seguir, sin la raya blanca que te guía y te acompaña. De tanto mirarla, de tanto seguirla, al final esa raya se nos queda dibujada en los ojos a estas personas de complicada definición: ¿randonneurs? ¿ciclomaratonianos? ¿ciclistas de larga distancia?
Por lo tanto, si quieres saber si un ciclista hace largas distancias mírale a los ojos y si distingues una raya blanca ya no hará falta que le mires las recias piernas ni el moreno de los brazos marcados por el maillot. Estarás ante uno de estos locos que desgastan las bielas hasta el infinito.
Salimos de noche, a las 6 de la mañana, de Salamanca. Somos 30 unidades. Siete de ellos del Pakefte (Agustín, Antonio, Buje, David, Edu, Josu y yo mismo). Los primeros kilómetros los hago al frente, en compañía del incombustible Gabi, comentando sobre lo que llevamos hecho este año. Se nota algo de viento en contra en estos primeros kilómetros.
El grupo rueda compacto hasta la primera cuesta de importancia, a unos 30 kilómetros, en la cual hay una selección natural y se comienzan a hacer grupos. Un momento antes nos cuenta David que Edu y Buje están detrás por un pinchazo casi al inicio. En esa cuesta me quedo con la gente de Salamanca, mirando hacia atrás por si veo a Buje, Edu y Agustín, que también paró por otras razones, pero no les veo. Gabi y yo decimos de ir despacio a ver si nos cogen, pero no aparecen. Somos unos diez y como el viento es molesto se comienza a hacer relevos, unos relevos espectaculares, de los que a mi me gustan, de poco tiempo cada uno y dejándose caer el que ha estado al frente. Soy el único madrileño entre tanto salmantino. Uno de los integrantes va avisando cada minuto de que faltan cinco segundos para terminar la posta del que va primero para que se deje caer al último lugar, en un tiovivo inagotable. Funciona fabulosamente, la gente tira con cabeza, sin forzar el ritmo, intentando mantener el que se ha estado siguiendo momentos antes. Sólo Ramón es un poco más entusiasta y le tengo que decir alguna vez (está justo delante de mí) que vaya más despacio. Tras las bajadas o las subidas, donde se podía descoordinar todo un poco, hay luego reagrupamiento, la gente se vuelve a situar en su sitio y la cosa funciona maravillosamente. Un notable alto y mi más sincera enhorabuena a los salmantinos, sobre todo teniendo en cuenta que, al parecer, esta era sólo la segunda vez que lo hacían.
En Tordesillas sellaje, parada corta adecuadamente recordada por Gabi y a seguir. Lo de que Gabi te esté recordando que hay que salir ya, aunque en el momento agobia un poco, en el fondo se agradece mucho porque le ayuda a uno a ser más ágil y perder menos tiempo, pudiendo luego aprovecharlo para ir más despacio, sin necesidad de forzar tanto. Es una suerte siempre llevar a Gabi cerca.
En la parada de la comida se nos unen Buje, Edu y Agustín. Desde ahí vamos juntos un grupo principalmente formado por los salmantinos y los madrileños, con buen ambiente, comentarios y risas.
A la entrada de un pueblo nos invitan los de Salamanca a melón, que sienta fenomenal porque comienza a hacer calor.
A Cistierna llegamos un poco disgregados. La gente empieza a coger distintos ritmos.
Josu y yo no tenemos reservado nada para dormir el sábado. Pero sí tenemos claro que queremos avanzar lo más posible para intentar llegar al tren de las 6 de la tarde del domingo en Salamanca, que nos lleve a Madrid. En tren hemos venido a Salamanca y en tren nos quisiéramos ir, por comodidad sobre todo. Josu está convencido de que podemos llegar a ese tren, el de las 6. Yo tengo mis dudas y pienso que más bien llegaremos al de las 8. David nos ha ofrecido llevarnos en su furgoneta, le decimos que lo haremos si no pillamos el tren. Por ello, para llegar al tren el domingo, procuramos detenernos lo justito en las paradas, que es donde sacamos más tiempo, porque pedaleando no nos parece buena idea tirar más fuerte para llegar antes, sólo consigues agotarte y exigirte luego un mayor descanso, lo que al final supone que vienes a avanzar lo mismo.
En Cistierna preguntamos si quedan habitaciones en el hostal para cuando vayamos de vuelta y nos dicen que no, por lo que nos vemos obligados a avanzar algo más. Tampoco nos importa, vamos bien y además en Cistierna están en fiestas y eso siempre significa ruidos.
El tramo Cistierna – Riaño – Llánaves es precioso. Lo hacemos de subida atardeciendo lo que permite disfrutar de unos colores y contrastes de impresión. De todos modos se hace algo duro porque hay bastante tramo de subida y con aire en contra.
Cenamos en Llánaves, a las faldas del Puerto de San Glorio. El resto de compañeros del Pakefte van por detrás en dos grupos y llegan cuando nosotros estamos ya listos para salir
Desde allí he llamado a los posibles hostales en los que quedarnos más abajo y consigo uno que está a 22 kilómetros de Cistierna, a unos 85 de donde estamos. Faltan quince minutos para las diez y nos dicen que tenemos que estar allí alrededor de la una de la madrugada, porque luego lo cierran. No lo tenemos fácil. Josu y yo salimos a todo meter, cenados, recuperados, con aire a favor y terreno favorable. Está anocheciendo y nos llueven encima una especie de polillas muertas de no sabemos que procedencia. Extraño.
Vamos con ritmo alegre y a las 12 estamos en Cistierna. Llamamos al hostal para decirles que llegaremos sobre la 1,10. Nos dicen que no hay problema. Lo clavamos. A esa hora nos presentamos allí.
Dormimos cinco horas. Al salir a la carretera para comenzar la ruta vemos a lo lejos que vienen tres ciclistas. Nos ponemos en marcha y dejamos que nos cojan. Son Agustín, Antonio y Buje. Vaya puntería. A propósito no lo hubiéramos clavado así de bien. Edu va un poco más atrás por sus problemas con la rodilla. Vamos juntos hasta Mansilla de las Mulas, buscando un lugar donde desayunar. Vamos a un ritmo vivo, a veces un poco forzado para mi gusto, pero las piernas están bien en ese momento. Salimos Josu y yo antes, cuando estamos listos, preferimos llevar un ritmo más tranquilo parando menos.
Pensamos que los compañeros pakeftiles nos cogerán en breve, para ello miramos de vez en cuando hacia atrás, pero el caso es que no les vemos hasta que 56 kilómetros más adelante estamos saliendo de un bar y ellos llegan, en Valderas. El viento está siendo ligeramente favorable casi todo el tiempo, lo que nos permite llevar un buen ritmo sin forzar en exceso.
Josu y yo vamos todo el tiempo dándonos unos relevos muy peculiares. No son de tiempo ni de espacio. Tira el que se siente con ganas, con energía o con mejor cuerpo que el otro, sin necesidad de decir nada. Josu me marca donde me tengo que poner cuando él va delante, para aprovechar mejor la dirección del viento. Cuando paso yo adelante procuro dejarle ese mismo hueco. Yo le recuerdo cada tanto que tiene que beber, que nunca viene mal.
Unos kilómetros antes de Zamora nos encontramos con Pedro y Diego, de Pueblo Nuevo (Madrid). Vamos con ellos hasta Zamora. Pedro va un poquito justo y a nosotros tampoco nos viene mal un rato de ir tranquilitos pues vamos bien de tiempo.
A las 3 en Zamora, donde vemos caer una tormenta mientras comemos al lado de la gasolinera donde se sella. Hemos tenido suerte.
Al poco de salir de Zamora el viento cambia y se pone en contra. Eso nos descuadra todo porque hasta Zamora íbamos cumpliendo todos los tiempos que nos habíamos planteado para llegar al tren a una hora decente. Conseguimos huir de un par de tormentas que nos acechan y nos lanzan unas pocas gotas sin importancia.
A 12 kilómetros de Zamora volvemos a ver a Diego y Pedro, que habían salido antes que nosotros. Nos juntamos con ellos y desistimos del último tren a Madrid, para el que vamos muy justos y además Diego nos ofrece llevarnos a Madrid en su furgoneta.
Llegamos bien, lógicamente cansados pero no agotados, con buenas sensaciones. Sobrándonos más de dos horas del límite de tiempo para hacer el recorrido, recorrido que no es excesivamente duro y la climatología al final no ha sido tan mala como se preveía, sobre todo el viento.
Muchas gracias a los Amigos de la Bici de Salamanca por la organización de este Brevet de 600 y a todos los participantes por la compañía, la charla, alguna que otra rueda, a Agustín por dejarme las cremas cicatrizantes, a Edu las antiinflamatorias y seguro que algo más se me olvida, pero gracias a todos.

martes, 29 de marzo de 2011

300 de Puertollano

Como me pasó en el 200 de Pueblonuevo, este Brevet empezó unos días antes planificando desde qué quería llevar durante la marcha hasta cuántas horas iba a dedicar sí o sí al sueño en los días previos.

En lo primero me ceñí bastante al guión, pero en lo segundo no fui capaz de dormir más de 6 h y media ningún día de la semana previa. Tengo que mejorarlo.

Pero bueno, la aventura empezó de verdad, de verdad el viernes a las 17:30, en Legazpi, donde solemos quedar para salir por el carril de San Martín pero esta vez para montar bicis y ciclistas en dos vehículos motorizados y dirigirnos a Puertollano.

Desde aquí salimos 7 de los 8 miembros del Pakefte que habíamos decidido participar en el 300. Roberto, Josu, Edu, Agus, Buje, David y yo.

Mientras esperábamos a que llegasen el coche y la furgoneta se formó un buen grupo de taxistas, impresionados, una vez más, por la bici de Roberto. Esta vez Josu fue quien dio todas las explicaciones para alivio de Roberto.

Pronto llegó Edu y empezamos a subir las bicis a la baca del coche, Agus había cambiado las bielas y piñones una vez resuelto el problema del eje de pedalier y, afortunadamente, se había dado cuenta de que tenía que cambiar la cadena por una de 9, haberse dado cuenta de eso en pleno brevet... uf, menos mal.

En un momento llegó David con la furgoneta y pudimos meter las otras 4 máquinas, entre ellas la de Roberto que cupo sin desmontar ninguna rueda, impresionante lo bien que caben las bicis ahí y lo cómodamente que se cargan.

Desde ahí dos horas y media largas hasta Puertollano, hablando de bicis, de lo que nos íbamos a encontrar al día siguiente... fingiendo que no tenemos un hormigueo en el estómago...

Gracias al teléfono de última generación de Roberto llegamos sin novedad hasta la pensión donde habíamos reservado, un tanto sórdida pero limpia, y, total, para lo que la íbamos a disfrutar...

La primera sorpresa al llegara Puertollano es que es mucho más grande de lo que nos habíamos imaginado y que tiene muchos más macarras con bakalao a todo volumen en el coche de lo que esperábamos. Circunstancias estas que empezaron a hacernos sentir que dejar las bicis en la furgoneta a dormir no era tan buena idea. Afortunadamente la pensión tenía un garaje en el que guardar las bicis bajo llave, desafortunadamente nos cobraron por ello pero bueno, un sueño tranquilo no tiene precio.

Una vez pagadas las habitaciones, guardadas las bicis y dejadas las mochilas nos acercamos Roberto, David, Josu y yo al restaurante de la pensión en la que iba a dormir Josu y el resto de la expedición. Estaba a un km y medio y, a pesar de las advertencias de quien nos atendió en la pensión, desafiando el peligro, nos acercamos andando, algo que desde su punto de vista era descabellado. En un rato llegamos hasta donde nos esperaban lo demás, incluido Juan que venía desde Sevilla y Reme que le traía la bici desde Alovera. Como nos habíamos retrasado un poco ya habían empezado a cenar lo que nos vino muy bien para escoger del menú lo que nos recomendaban los tempraneros. En mi caso espaguetis y entrecot. Una vez solventada la cena de víspera, volvimos David, Roberto y yo a nuestro alojamiento localizando el bar “la Bomba” de donde partiríamos al día siguiente. El paseo nos vino muy bien para bajar la cena y después de dejar preparado el equipo del día siguiente nos acostamos para estar listos a las 6 de la mañana siguiente con tiempo para inscribirnos y desayunar sin agobios.

A las 6 menos cuarto suena el despertador y David y yo nos ponemos en marcha, en algo más de 15 min estamos listos para ir a recoger las bicicletas, guardar las mochilas en la furgoneta, montar las luces y resto de gadgets en los manillares y acercarnos hasta el bar. Incomprensiblemente no estoy nervioso y sorprendentemente he dormido de un tirón aunque a las 5:25 ya estaba despierto.

Llegamos al bar a la vez que el resto de aguerridos pakefteros y pasamos a hacer la inscripción eligiendo si queremos o no medalla. Yo elijo “Sí”, para eso soy novato, después Edu, líder indiscutible del grupo, nos pide los desayunos a todos y cuando me acerco a la mesa ya está allí mi café esperándome y poco después la tostada con tomate, francamente buena por cierto. Con eso y unos cereales que ha traído Agus llenamos el buche y nos disponemos a salir. Hacemos foto de grupo, cotilleamos las máquinas que llevan los demás y cuando vamos a salir surge un problemilla mecánico que hace que salgamos unos 15 min más tarde. Me encantó este detalle de un grupo de unos ¿40? Ciclistas entre los que nadie puso mala cara por esperar a solucionar el tema. Mucha broma, mucho chascarrillo y, por fin a las siete y cuarto comenzamos a rodar. Se ven pocos transportines pero muchas potencias invertidas, pedales de montaña, alguna bolsa de manillar...

Enseguida advierto que mi cuentakilómetros no marca y un poco después me doy cuenta de por qué. Ayer, al poner la rueda de noche lo hice al revés y el imán está al otro lado, lo mismo que hice en mi primera Bilbao-Bilbao. El ritmo del grupo es bueno pero creo que puedo parar y cogerles así que aviso, paro, doy la vuelta a la rueda y sigo. Roberto se ha quedado a esperarme y enseguida alcanzamos al pelotón sin forzar demasiado.

Está amaneciendo y la estampa de la refinería, con unas lagunas delante de las que se levanta niebla y el sol detrás es entre apocalíptica y arrobadora, rodamos a unos 28-30 km/h y vamos cómodos, Buje nos anunció que esta gente lleva un ritmo algo superior al nuestro pero que 20 km o así iríamos con ellos, hasta que llegase la primera rampa. Aguantamos un poco más pero hacia el km 30 nos quedamos a ritmo Pakeftero y dejamos que se vayan. Durante estos km hemos rodado dispersos por el grupo, hablando con este y con aquel, oyendo comentarios sobre la bici de Roberto de la que no creían que pudiese andar tanto hasta que lo vieron con sus propios ojos...

Yo sigo rodando bien, contento, el día ha salido bueno al final aunque empieza a hacer un pelín de calor, yo prefiero un poco de fresco, que para algunos será un poco de frío y voy pensando que en el control aprovecharé para quitarme las perneras y el cortavientos. También voy pensando que el culo me está molestando un poco y que tiene pinta de que voy a acabar escocido si en el km 60 tengo molestias pero recuerdo que David me ha ofrecido vaselina por la mañana y que es posible que la lleve encima.

Voy siendo disciplinado en comer cada hora y beber, por lo menos, cada 20 min, ya vi en el 200 que beber, comer y regular es fundamental para acabar bien. Aún así en algún momento Agus me tiene que recordar que vaya “piano-piano”.

Desde este punto y sin novedad llegamos hasta el control de Almuradiel a las diez y cuarto donde cumplo todos los planes menos el de desayunar bien, nos sirven una tortilla realmente infame pero David tiene vaselina y aprovecho para quitarme la ropa que me sobra. Se nota mi bisoñez en que entro en el bar sin el carnet de ruta, sellar es lo primero que debe hacer un Randonneur, desayunar es secundario. Me administro vaselina en su sitio correspondiente y rápidamente empiezo a prepararme. Edu nos mete prisa, se nota que los menos experimentados no entendemos todavía lo importante de no perder tiempo en las paradas. El resto del pelotón, los que iban por delante han ido saliendo del control mientras desayunábamos.

Sin tiempo para enfriarnos y tras unos apresurados estiramientos volvemos a rodar. Yo ya voy de corto, aunque conservo los manguitos y hace un día espléndido. Entre conversaciones y algunas risas van cayendo los kilómetros. Pasamos por unas dehesas preciosas con encinas y hierba verde, verde. Ha debido llover bastante. De vez en cuando vemos charcas o lagunas. Para llegar a Puebla del Príncipe encontramos la primera subida digna de tal nombre del día, al llegar arriba reagrupamos y aprovecho para quitarme los manguitos porque ya empieza a hacer calor de verdad y de hecho llego sudando. Al cruzar el pueblo vivimos una escena surrealista, debe acabarse de celebrar un funeral de cuerpo presente y en la puerta de la iglesia está el coche fúnebre, hay gente con cara de circunstancias a ambos lados de la calle pero cuando pasa Roberto sonríen, alguno le jalea, otros se ríen... por un momento me pasa por la cabeza que se va a levantar el muerto a ver qué pasa.

Después de Puebla del Príncipe y antes de llegar al segundo control tenemos la subida más importante del día que tampoco es para tanto pero vuelvo a recibir una lección útil de Edu:

“Fuera complejos, el plato pequeño está para usarse y no gastar fuerzas a lo tonto”, qué razón tiene. Así, con lección aprendida llegamos hasta Santa Cruz de los Cáñamos, segundo punto de sellaje y lugar elegido para comer, kilómetro 143 de ruta y las 13.30h. Al llegar preguntamos a unos lugareños dónde podíamos comer y nos indican un bar del que sospechamos servicios más interesantes y completos que los que nosotros disfrutamos pero donde nos dejan comer lo que llevamos a los que queremos y nos dan bebida a precios de risa, incluso nos venden una coca-cola de 2 litros que sale más barata.

A Roberto incluso le venden unas galletas rancias que sospechamos que estaban allí desde que la chica que hacía el Show Fontaneda dejó el local.

Aquí descubrimos el secreto que los veteranos nos ocultaban a los novatos y que resulta ser el arroz con leche de Danone, todos llevan alguno. Para la próxima queda apuntado.

Una vez llena la panza, en mi caso de ensalada de arroz y rellenos los bidones de agua mineral, por lo visto el agua de la fuente “no la beben ni los del pueblo” salimos de nuevo a la carretera con intención de hacer los siguiente 100km de un tirón porque según Edu “Sólo se para en los controles” La carretera en este tramo tiene cortes y tramos de “Vía Augusta” vamos, de tierra de la que le gusta a Agus para rodar. Eso le da un toque de clásica a la marcha que pronto queda oscurecido por un viento que entra por nuestras 10 y que Roberto anuncia que será más o menos fuerte y que no nos dejará en 5 horas... como sabe el del parapente, clavó la predicción.

Ensayamos relevos pero sólo cabemos de tres en tres en el arcén y no conseguimos quitarnos del todo el aire, al parecer el único que sabe era Agus que se acurruca a mi lado y dice que va en la gloria.

Aquí, comienza, en torno al km 175 mi crisis personal, flojera, pocas ganas de comer aunque me fuerzo y un dolor intenso en las plantas de los pies, como una sensación de llevar los pies recocidos. La verdad es que agradezco a Agus la conversación que me dio y a Juan el consejo de centrarme en una meta cercana.

En primer lugar decido no mirar el cuentakilómetros en una hora y en el segundo, cuando empiezan a oírse voces disidentes hablando de parar en Valdepeñas, km 194, decido concentrarme en llegar hasta allí, lo hacemos a las 16.25h y paramos en una gasolinera de la salida del pueblo. Allí me descalzo, me bebo un Aquarius y me como dos huesitos que me llaman poderosamente cuando 5 minutos antes la idea de comer cualquier cosa de las que llevo me daba asco y en 15 minutos de parada me quedo nuevo. Es impresionante lo que puede hacer parar un momento, estirar un poco y cambiar el chip. Lo malo es que se me rompe uno de los enganches de la alforja al tratar de enderezarla y lo bueno que Buje me deja un pulpito con el que resuelvo el problema.

Al salir de allí y tras rodar unos km Juan de pronto me da la enhorabuena, no entiendo por qué, pero rápidamente me dice que hemos pasado el km 200 y que ya estoy en récord personal. A Buje le hizo gracia y me siguió dando la enhorabuena en varias ocasiones. Así, entre bromas y tertulia llegamos hasta Almagro, pero para hacerlo tenemos que usar unos 8 km de autovía con señal de prohibido bicis, los del cc Puertollano nos lo habían avisado y por allí nos metemos hasta la primera salida que es la de Almagro donde nos espera un regalo en forma de pinchazo de Edu. Agus y yo aprovechamos lo que tarda en arreglarlo, que es muy poco, pera tumbarnos un rato en unos bancos y es una inyección de vida alucinante, estamos en el km 229 y tenemos el último control a 15 km, en Pozuelo de Calatrava donde nos espera Reme que nos graba en un vídeo que debe ser épico con un resucitado Juan en cabeza. En este tramo hago la tontería del día, nos pasa un paisano en un ciclomotor que a duras penas nos adelanta y Edu salta detrás de él, según nos dijo convencido de que “ Alguno de estos pica” ese soy yo que intento hacer un entrenamiento tras moto, Roberto también lo intenta pero pronto abandonamos y volvemos al grupo.

En Pozuelo, km 243, 19.45h hacemos una parada reglamentaria con sellaje y merienda. Yo me como un bocata de queso que me sabe a gloria y un plátano de los que nos ha traído Reme además de una gominola ultra energética que lleva Buje, el sol esta comenzando a caer y con él la velocidad del viento como había pronosticado Roberto, el descanso, el fresco y la tregua del viento nos dan alas y salimos de Pozuelo como si estuviésemos empezando la ruta, con las luces traseras y el ánimo encendidos “sólo” quedan 57 km y la cosa empieza a parecer que se puede terminar. Descubro accidentalmente el secreto que guardaban los veteranos para la siguiente y es llevar un frontal que permita consultar cuentakm y gps de noche pero esa me la sabía y había llevado uno.

En una subida noto que necesito activarme y poner a trabajar el corazón y me lanzo a plato a por David y Roberto que estaban por delante como habían ido la mayor parte del día, no estoy seguro de que no sea una imprudencia pero la verdad es que me sienta muy bien y me sirve para despertarme. En poco rato comenzamos a encender las luces porque ya está cerrándose la noche y rodar adquiere un toque mágico que yo nunca había experimentado. Es cierto que he probado a rodar de noche por la casa de campo, pero hacerlo en carretera y en grupo es distinto, se oyen grillos, ranas, perros... Pronto las torres de la refinería de Puertollano empiezan a dejarse ver intermitentemente pero lo cierto es que el camino pica hacia arriba durante unos veinte km y a algunos se les está atragantando esta ¿última? Subida. El ritmo baja un poco y rodamos más o menos juntos y haciendo paradas de reagrupamiento cada poco tiempo.

Tras una rotonda en la que nos reagrupamos y una en la que no, entramos en Puertollano pero perdemos a David y Josu que se han quedado atrás, después de una espera infructuosa y una conversación telefónica en la que no nos entendemos bien nos llaman diciendo que están ya al lado del bar “La bomba” y que nos esperaban para llegar juntos.

Allí llegamos y comienzan los abrazos y las felicitaciones, entregamos los carnets de ruta y cenamos para enfrentar las dos horas largas de vuelta. Primero sale el coche de Edu y los de la furgo nos lo tomamos con más calma. Josu se duerme nada más sentarse y David y Roberto se turnan para conducir. Infinitas gracias a los dos, yo intenté mantener una conversación fluida con los conductores pero lo cierto es que cabeceé bastante.

Alrededor de las 4 de la mañana entro con la bici en casa, con los ojos rojos de sueño y una sonrisa de oreja a oreja.

Lecciones aprendidas en este Brevet:

- Alimentándote, bebiendo y regulando se puede llegar lejos, muy lejos

- El arroz con leche es una buena idea, no se me olvidaré en la próxima

- Marcarte metas cercanas y pensar sólo en lo siguiente permite superar crisis.

- Diga lo que diga el tiempo lleva un bote pequeño de crema solar, no pesa mucho y en marzo te puedes quemar mucho con el sol.

- El plato pequeño es de inteligentes, no de globeros (al menos en los brevets)


Las fotos de esta entrada son de Roberto Fernández

El perfil y la ruta que han compartido los compañeros del CC Puertollano se puede ver aquí

lunes, 21 de febrero de 2011

Mi primer 200 (Ya soy randonneur)


Aquí otra visión de lo mismo, muy recomendable, por Jose Antonio Jimenez.

En realidad este 200, para mí empezó mucho antes del jueves, desde un par de semanas antes prácticamente todos los días he dedicado ratos a leer crónicas de Brevets en Internet, a decidir qué es mejor llevar y qué no, a hacer estiramientos pensando en estar lo mejor posible el gran día... Estudiando con detalle las predicciones erráticas de Maldonado y Ogimet...

El miércoles pasé por Seco donde Xeno me dejó la bici como nueva explicándome además qué iba haciendo ¡Muchísimas gracias!

Después de mucho deliberar, el jueves, decidí llevar transportín y bolsa, iba a estrenar el equipo que me regaló Roberto hace unos meses porque con su máquina reclinada ya no lo usaba. Lo que me acabó de convencer fue la recomendación de Antonio de llevar ropa seca por que ya estaba bastante claro que nos íbamos a mojar, la duda era si mucho o muchísimo.

El viernes reservé la tarde para preparar con calma todo lo que iba a llevar y a eso me dediqué, con consultas meteorológicas intercaladas cada poco tiempo. Y conseguí irme a la cama después de un buen plato de pasta con setas frescas a las once y pico, no solo eso, me dormí enseguida.

Llega el sábado, me levanto a las 6:15 y más o menos silenciosamente me visto, repaso mentalmente que no me deje nada, lleno los bidones, guardo las gafas de ver en la alforja por si acaso, desayuno como un día normal y...


A las 7:25 salgo de casa, un poco justo pero es que me he estado peleando con un a lentilla un buen rato. No llueve, esto empieza bien, decido ir a Sainz de Baranda a coger el metro que, aunque me fastidia por la cantidad de escaleras que tiene, es una estación más que Ibiza y no estoy para perder metros.

A eso de las 8 menos 10 llego a Vicálvaro y aquí ya si cae una lluvia fina, pienso que si aguanta así todo el día tampoco es para tanto y que lo vamos a llevar bien y en estas llego hasta el bar la Escopeta donde ya están todos menos Jaime y Josu.

Cuando digo todos me refiero a Agus, Antonio, Roberto, Edu, Jose, Buje, Guilla, Juan, David, Diego y Jesús. Que me dicen que me dé prisa en inscribirme que hay que salir casi ya. Me inscribo y vuelve el come come a rondarme en la boca del estómago tengo ganas de salir pero estoy acojonado.

No está claro cuándo se sale pero Juan nos dice que tenemos permiso para ponernos en marcha y en ese momento aparece Jaime, hace el papeleo y salimos. Mientras le esperamos observo que todos, menos los novatos llevan una gorra o una visera bajo el casco(primera lección de hoy).
Llueve un poco y salgo entre ilusionado y muerto de miedo. El ambiente es bueno y parece que el Pakefte va a rodar en cabeza unos Km.

Nos despedimos de Roberto y Edu a los que no volveremos a ver desde el km 5 o así, llegaron bien y un par de horas antes que nosotros.

Al pasar la Poveda ya empieza a llover seriamente, sin embargo la conversación es optimista y rodamos a un ritmo muy bueno, sin gastar de más. Creo que un poco antes de Arganda nos pasa Fran Vacas, saluda y le jaleamos, es de otro planeta...




Después de pasar Arganda empiezo a notar algo en mi rueda trasera e intento negármelo, vamos en grupo, el ritmo es bueno, llueve un poco menos... pero lo tengo que reconocer, he pinchado y tengo que parar. Rápidamente se organiza la cosa, Agus y Antonio se quedan conmigo y el resto sigue. La verdad es que agradezco tanto una cosa como la otra. A los que se quedan por no dejarme solo y a los que se van por liberarme de la presión de parar al grupo. Agus tiene una espuma que usan los motoristas que, al menos en teoría, permite llenar de nuevo la cámara y seguir rodando hasta un lugar resguardado para cambiar con comodidad. El invento parece funcionar bastante bien y así llegamos a San Martín con idea de cambiar la cámara en la gasolinera de Ciempozuelos. Allí un tipo nos hace señas y cuando nos acercamos vemos que es Luis que ha venido, no se anima a coger la bici pero sí que nos anima a los demás, qué alegría. En una rotonda primero Agustín y luego el menda nos comemos un bache invisible gracias al charco en el que estaba, Agus sale ileso, pero yo pellizco la cámara por ir baja de presión y unos metros más adelante paramos a cambiar. Afortunadamente ha dejado de llover. Mientras desmonto aparecen Guilla y Jaime con sus bicis y Luis en coche.
Ellos aprovechan para comer algo y yo cambio la cámara. Siguiendo los consejos de Antonio lo hago despacio y bien y en unos minutos nos despedimos de Luis y reanudamos la marcha los 5 juntos. Pronto vuelve a llover.





De los que van por delante no tenemos noticias así que vamos regulando con idea de alcanzarles en el primer control. Pese a la lluvia y al pinchazo la conversación es amena y positiva. Creo que la clave ha sido que no hace frío, al agua uno se acostumbra y llevando cuidado se va casi bien.

Así seguimos hasta que llegamos a la primera subida del día, poco después de Aranjuez y es aquí donde suceden dos cosas, la primera es que conozco en persona a Radio María que subía cantando una canción de lo más pía y la otra es que perdemos a Guilla y Jaime durante unos kilómetros aflojamos el ritmo bastante para que nos alcancen pero, como no aparecen, decidimos seguir y reagruparnos en el punto de control en Huerta de Valdecarábanos. Luego supimos que una conductora algo torpe había atropellado las gafas de Guilla y que eso les había retrasado.

En un punto de este tramo, como deja de llover, Agus decide adelantarse un poco y sacar la cámara de vídeo que ha traído y hacernos un documental a Antonio y a mí. Nada mas sacarla empieza a llover de nuevo, parece que Murphy también estaba inscrito. Cuando empieza a grabarnos es cuando tiene a bien pasarnos un jeep de la Guardia Civil, debieron flipar tanto con un tío montando en bici mientras filma que ni nos dijeron nada, eso o es que iban tan cómodos dentro del coche que prefirieron ignorarlo.

En el bar de Huerta de Valdecarábanos nos extraña bastante no encontrar al grupo que iba por delante pero el misterio se resuelve cuando van apareciendo y nos cuentan que nos han visto pasar por Aranjuez pero no nos hemos enterado y resulta que desde Aranjuez hemos ido nosotros por delante. Aquí los que nos hemos saltado el pincho de tortilla de Aranjuez nos tomamos la revancha con unos buenos bocatas. Es una alegría encontrar de nuevo a los compañeros que ya empezábamos a dudar si veríamos. La pinta que llevamos, sobre todo algunos, es lamentable.



Desde ese punto seguimos la ruta más o menos juntos, Juan y Josu salen antes en todas las paradas pero les vamos alcanzando en las siguientes, es un gusto rodar juntos, la compañía y la conversación hacen que la lluvia y los kilómetros caigan sin que uno se entere.

Así seguimos sin novedades por unas carreteras francamente agradables hasta Villarrubia de Santiago donde sellamos en una gasolinera, yo aprovecho para meter aire a la rueda trasera porque con la bomba es difícil llegar a la presión óptima y Jaime y yo, a pesar de que nos esforzamos en que nos apetezca algo de lo que venden, salimos sin comprar nada. Decidimos de común acuerdo que vamos a parar a comer en Chinchón y vamos saliendo, unos un poco por delante y otros vamos por detrás, en Chinchón nos veremos.

Al salir tenemos primero una bajada en la que paso un pelín de frío y, enseguida una subida hasta Colmenar de Oreja que es una auténtica gozada, una carretera bonita, bonita, con muy poco tráfico y con un montón de randonneurs avanzando, cada uno a su ritmo. Además, ese rato, no llueve.

El principio es lo más duro y así me lo avisa Antonio cuando veo a Jaime muy suelto de cadencia y me acuerdo de que tengo tres platos, meto el pequeño, bajo un par de piñones para no ir demasiado suelto y empiezo a subir cómodo. Dejo que Antonio, Buje y Jesús se vayan un poco con intención de cogerles luego y veo que unos cientos de metros más alante va Juan sólo, decido apretar un poco y alcanzarle para charlar un poco con él. Así lo hago y creo que paso a Diego que me dice ¡Qué bien vas! Toma subidón... Llego a la altura de Juan y entre comentarios y anécdotas coronamos. Me dice que va a parar un segundo y que siga, que él sigue luego con el grupo y así hago, con intención de alcanzar a los que llevaba por delante. No lo consigo pero gracias al GPS cruzo Colmenar de Oreja sin errores y sigo en solitario hasta Chinchón francamente a gusto, apretando un poco más pero sin pasarme. Ya me lo ha dicho Agus esta mañana, hay que ir piano-piano (gracias por enseñarme a dosificar, Agus). Un poco más adelante veo cómo llegan Antonio y Buje al bar, al final me han sacado poco tiempo.

Aquí nos juntamos todos menos Agus que prefiere rodar solo hasta San Martín y esperarnos allí y comemos, unos lo que traen y otros lo que compramos, comentamos el día y estamos todos bastante optimistas, nos quedan 70km y la sensación general es que vamos a terminar todos sin problemas. Diego repara un pinchazo dudoso y yo creo que es más por mantener la leyenda del gafe que por otra cosa, porque mi pinchazo y el suyo, si es que lo fue, son las dos únicas incidencias mecánicas del día lo que no está mal para 200km y 11 ciclistas.



Salimos juntos y vuelve a llover, a ratos bastante, a ratos un poco menos y así seguirá hasta el final.
De Chinchón a Ciempozuelos voy sin enterarme, el bolsillo de la alforja en el que llevo las herramientas no soy capaz de cerrarlo del todo y varios compañeros me avisan, la culpa es del barro en el que voy rebozado que ha atascado la cremallera pero prefiero no parar y confiar en que no salte nada y así charlando y pedaleando llegamos hasta San Martín de la Vega donde nos esperan Juan, Josu y Agus. En realidad sólo nos espera Agus porque Juan y Josu salen disparados enseguida.
Diego y Jesús no paran porque no se han podido inscribir por no tener licencia y no necesitan sellar, la idea es alcanzarles luego.

Al salir intento encender mi luz trasera pero no hay manera parece que no se lleva bien con el agua y aprendo otra importante lección. Es mejor llevar dos luces traseras por si una falla. Como rodamos en grupo no es muy grave, pero si me hubiese quedado solo no hubiese ido nada cómodo.

Estos últimos 40 km se me pasan muy deprisa, se me juntan la satisfacción de ver un reto al alcance de la mano, el come-come de saber que hasta que no acabemos no se puede cantar victoria, las ganas de llegar que hacen que empieces a notar el culo cansado... y en estas ando cuando en un bache me salta algo de la alforja. Es un desmontable, paro, retrocedo, lo recojo y sigo. Buje y Josu han aflojado para esperarme, todo un detalle. Seguimos hasta que poco antes de la cuesta del Cristo de Rivas paramos para reagruparnos todos y llegar juntos.




Aquí me sorprendo a mí mismo, llevo 190km y estoy subiendo una cuesta semi decente con muy buenas sensaciones, tan buenas que me dejo llevar por el disfrute y sin darme la cuenta avanzo solo y despacio. En esto me alcanza Guilla que había parado y me dice que tiremos un poco y tengo fuerzas incluso para acabar con alegría. Me doy cuenta de lo importante que ha sido ir reservando y conteniéndome. Gracias a quienes me lo habéis ido recordando.

Antonio sufre una especie de éxtasis al pasar por Mejorada y a mí me da por emular a Radio María y sus cánticos. Lo que nos queda son prácticamente nuestros Campos Elíseos, rodamos en grupo, con sonrisas radiantes e incluso nos atrevemos a decir en voz alta que hemos tenido suerte con los pinchazos. De ahí a la plaza de la Vicalvarada llegamos sin darnos cuenta de que llueve. Llegamos, sellamos, nos hacemos las fotos de rigor, cerveza (sin alcohol en mi caso) en mano y empezamos a pensar en el 300. Creo que me he enganchado a esto.


PD: Notas para futuras ocasiones:
Una gorra puede venir bastante bien si llueve y sirve para distinguirte de los novatos
Lleva dos luces traseras, todo puede fallar pero es el doble de difícil que fallen las dos
¿No dijiste en el “de sol a sol” que ibas a buscar guardabarros?